sábado, 30 de abril de 2016

Creo que no pido mucho si sólo quiero que me quieran un poco. Y sé que a veces no soy fácil de llevar, que tengo mis manías, mis locuras y mis indiferencias cuando quiero que me dejen sola, pero como todo el mundo al fin y al cabo ¿no? Sin embargo, si un pequeño y diminuto deseo se traduce como un baile inapropiado...
Me da pena ver que el mundo está cambiando, o que ya lo ha hecho y no me he dado cuenta. Y puede que yo sea la que todavía intenta adaptarse y se queda ahí, como si todo dependiera de la prueba final (y en ese tipo de examen no sirven de nada las chuletas). Así que intentaré apañármelas para no acabar entre los escombros de una humanidad que ya no existe. Habrá que acostumbrarse a lo "mundano" y dejar a un lado todo aquello que pueda llevarme a lo inexplicable, por llamarlo de alguna forma, porque tampoco tiene nombre.
"Acción-Reacción", y si algo duele siempre está el botiquín de emergencias debajo de la almohada. Otra tarde a solas, y a la mañana siguiente: los problemas a un lado, hay que mantener las apariencias.
Aun así... Creo que siempre tiene que darse un límite. Para todo. Las personas no podemos contener tanta mierda dentro. No siempre tenemos que estar haciendo caso a esa vocecilla que nos recuerda constantemente que no pueden vernos débiles. Para que luego tengamos que estar escuchando lo de que "hay que ser uno mismo". Pero ¿cómo vamos a ser nosotros mismos si ni tan siquiera el mundo sabe lo que quiere? NO HAY UN PUNTO MEDIO. Si eres tú mismo "te crees demasiado" y si eres como el resto "no tienes personalidad".
El problema es que sólo puedo ser yo misma cuando estoy debajo de esa almohada. Y no es triste, es bonito, incluso podría decir que es hasta divertido, porque estoy conmigo misma y no hace falta que me mienta. 

No intento dar lecciones de moralidad a nadie, tampoco me creo quien para estar reprochando cosas que igual no tienen ni hasta el más mínimo sentido. Simplemente es una opinión.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Camino por la calle mientras observo el mundo. Las pantallas señalan sucesos y la gente pasa de largo. Y oleadas de emoción disfrazada de todas las caras ambientan mis ojos. La confusión adorna mis pensamientos, y la sensación de inquietud culmina en un clímax de reflexiones. El horizonte se viste de colores prodigiosos, pero nadie observa y me declaro ganadora de un juego que acabo de conocer. Probablemente nadie sepa que saber nunca está de más, y que aprendemos de los hechos, porque andar con los ojos cerrados siempre acaba provocando caídas inesperadas.
No se trata de perseguir sensaciones para alcanzar metas, ni de dibujar medias lunas en sonrisas escondidas por el simple hecho de forzar su despliegue. Tampoco se trata de conseguir logros que colgar en una pared que después quedará vacía de conocimientos, ni de vencedores ni perdedores de los que sentirse orgulloso. Tan solo se trata de alzar la mirada hacia ese horizonte por ti solo, pues el mejor mérito es el que se consigue por uno mismo, y lo sabéis.
Son muchas las probabilidades de que acabemos siendo presos de algo que no nos lleva a nada. De que dejemos de ser conscientes de nuestros actos, y de que dejemos de aprender con los pasos. Caminar a ciegas es lo que nos llevará a una completa ausencia de control. Nos tiraremos por acantilados sin caída final, sin heridas ni daños, simplemente algo continuo que no halle ni tan si quiera término medio. Un auténtico descontrol de nosotros mismos.

Será difícil volver a la normalidad. Volver a ser antes en esta historia que no hace más que avanzar a contiendas contra nosotros mismos. Y es que no hay peor lucha que una interior. Salvarnos ahora de lo que no pudimos evitar en un principio. 

lunes, 22 de diciembre de 2014

Mandaría a todo el mundo a la mierda ahora mismo,y quedarme solo con los cuatro gatos que me importan.
Que me largué de aquí, desaparecí una breve temporada, y que me he dado cuenta de que las cosas buenas no duran eternamente, que las personas cambian y que siempre aparece algo nuevo a lo que merece dedicarle tu tiempo.
Aquí viví cosas muy buenas que no cambiaría por nada, ni aunque me regalasen el gordo del año, y nunca mejor dicho. Pero cada uno acaba descubriendo su propio camino, y aunque intentemos salvaguardar las distancias, las despedidas están, aunque escondidas, en la próxima esquina. Y todo vuelve a "la normalidad" de lo real. Por lo tanto, y meditándolo mucho, voy a seguir adelante por mi propio camino.
Recuerdo que un amigo me dijo que no volvería a ir detrás de la gente, que si el destino lo quería así, que él no removería más la cuchara. No sé si será el destino o qué, pero creo que tenía razón. "Cada loco con su tema" supongo, y no hay más que hablar.

Hemos crecido, y algunos todavía nos encontramos en esa etapa de asimilarlo, pero en algún momento debemos de abrir los ojos, alzar la mirada y darnos cuenta de que ya salimos de aquella dirección, "la segunda estrella a la derecha, todo recto y hasta el país de Nunca Jamás". Decir "adiós" y hasta el próximo reencuentro, porque siempre fue bonito mientras duró. Y eso... no lo olvidaré nunca. 

domingo, 30 de noviembre de 2014

Sigo buscando esas noches de dulce locura entre la multitud de la gente, entre esas miradas que solo llegan a conseguir el 50% de todo, entre esos besos que malgastan mis labios. Y pienso en ti. Pienso en ti de tal manera que llego a amargarme, que llego a rozar el limite de la demencia, que consigo odiar hasta lo que no está escrito. Pero en realidad solo me odio a mí misma por este error que nunca habría esperado, y que en mi dulce locura nunca habría permitido.
"Lo primero es lo primero" dicen. Pero supongo que entre tanta búsqueda me perdí a mi misma, y ahora ya no se como encontrarme de nuevo...
Los días pasarán, y con ellos los meses, e incluso puede que también los años. Pero no soy adivina, y no confío en que mañana pueda olvidarlo todo de golpe y hacer como si nada de esto hubiese pasado. Porque ha sucedido. Y si debo ser sincera, no creo que me cure de ello fácilmente.
Quizás ahora lo mejor sea dejarme llevar, y dejar de pensar tanto y de darle tantas vueltas a las cosas, porque de ahí no existe después ningún merito. Y yo ahora solo busco logros con alguna que otra recompensa.
No me juzgues por esto. No me importa tu opinión. No quiero mas solucionarios para este croquis prácticamente inventado. Tan solo quiero saber seguir yo sola. Tan solo pido un camino sencillo y directo, porque no quiero mas meteduras de pata en mi vida, y no quiero ser la que siempre termina con la misma pesadilla una y otra vez.

sábado, 22 de noviembre de 2014


Hace tiempo que tenía en mente escribirte, pero supongo que el rencor comía a esas ganas de echarlo todo por la borda. Ya sabes a lo que me refiero...
Lo cierto es que ¿a qué fin voy a tener que aguantar tus palabras? Y es que me sobran tanto como todos tus recuerdos ahora mismo. Porque si quiero que sepas no voy a ocultarlo, y ni por mucho que me reproches vas a conseguir que me calle la boca, y que continúe con este silencio.
No. Ya no me sirven más quejidos, porque ¿para qué negar lo evidente? Sabes tanto como yo que esto no termina fácilmente. 
He tratado de olvidar y seguir adelante, pero siempre apareces, en cualquier esquina, en cualquier pensamiento, y no hay nada que valga para que te borre de mi cabeza.
No sé por cuanto tiempo más voy a tener que seguir aparentando, o seguir luchando contra esa realidad que intento difuminar cada día, y un poco más cada noche, en cada sueño y en cada pesadilla. Te aviso: "no intentes si no sabes".
Tan solo quería decirte que...lo intenté, lo intenté y no pude. Que no logré olvidarte por mucho que lo quisiese.
Y ahora tengo miedo. Miedo a enfrentarme a lo que mejor me conviene. Porque tengo la sensación de que me cambiaste, de que ya no soy la cursi que era antes, que ya no miro las cosas con esa perspectiva tan idealista. Tan solo busco algo que jamás volveré a encontrar.
Ando perdida, lo sé. Pero es que me calaron tanto un día que ya no he vuelto a recuperar a esa yo que tanto añoro ahora. Así que devuélveme el todo de lo que era, soy y seré siempre. Y no olvides que un día todo fue cierto, pero como cada historia, esta también tuvo su final.
Guardo más resacas que silencios entre estas paredes. Y es que veo que las palabras se quedaron más lejos de lo que esperaba imaginar.
Curioso que piense todavía en aquellas frases que me susurrabas al oído cuando comenzaba a ignorarte. Pero es que es de idiotas que me concentre en ese pasado que ya se ha quedado tan atrás, y que encima no me deje ver lo posible convirtiéndolo en algo inalcanzable.
Supongo entonces que ahora tan solo queda esperar. Me refiero a esperar a que llegue ese dichoso final que me da tanto dolor de cabeza. Y decir adiós ya de una puñetera vez a ese sin sentido que nunca tuvo las narices de decir "hola" y a la cara.
Para que luego digan que soy yo la complicada, cuando los que me complican la vida son ellos, o él.
No sé. Quien sabe. Yo ya dejé de soñar entre almohadas y cojines, para estudiar un poquito más este mundo. De darme cuenta de que solo los fuertes sobreviven en este juego de obstáculos. Que más que un juego parece un asesinato a mano armada de esperanzas mal hechas, y que, por mucho que intente ignorarlo, todos sabemos que al final la realidad acaba con todo.

martes, 18 de noviembre de 2014


Con un poco de Sabina y Fito. De calles estrechas por los madriles que nos arroparon. De fotos, de salidas y de más destinos sin prejuicios. 
Locuras de jóvenes sin cabeza, con sonrisas de oreja a oreja, y canciones de grito y suspiros.
Los más de años, por así decirlo, promulgarán sus quejidos a modo de recuerdo entre copas de vino. Y así conocimos que el querer soñar podría hasta con nosotros mismos.
Mañanas pegados a amaneceres de cinco minutos, y noches anclados al pub de los disturbios. Bailes de sueño y carcajadas de auténtico miedo.
Ahora me planteo como pudo pasar y esfumarse todo aquello. 
Por qué desapareció en un aullido la esperanza de los pocos que soñaron aquella noche.
Y puede que tan solo fuese con la simple escusa de "tenía que irme".
Pero ya no volverán a aquellas miradas atrapadas entre sus pupilas, cada vez más grandes, cada vez más idas.
Porque, si tan solo se detuviesen a observarse, aunque solo fuese por unos minutos más. Tan solo para saber decir adiós con palabras y no con huidas que vienen, llegan y se van.