martes, 18 de noviembre de 2014


Con un poco de Sabina y Fito. De calles estrechas por los madriles que nos arroparon. De fotos, de salidas y de más destinos sin prejuicios. 
Locuras de jóvenes sin cabeza, con sonrisas de oreja a oreja, y canciones de grito y suspiros.
Los más de años, por así decirlo, promulgarán sus quejidos a modo de recuerdo entre copas de vino. Y así conocimos que el querer soñar podría hasta con nosotros mismos.
Mañanas pegados a amaneceres de cinco minutos, y noches anclados al pub de los disturbios. Bailes de sueño y carcajadas de auténtico miedo.
Ahora me planteo como pudo pasar y esfumarse todo aquello. 
Por qué desapareció en un aullido la esperanza de los pocos que soñaron aquella noche.
Y puede que tan solo fuese con la simple escusa de "tenía que irme".
Pero ya no volverán a aquellas miradas atrapadas entre sus pupilas, cada vez más grandes, cada vez más idas.
Porque, si tan solo se detuviesen a observarse, aunque solo fuese por unos minutos más. Tan solo para saber decir adiós con palabras y no con huidas que vienen, llegan y se van. 

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