sábado, 22 de noviembre de 2014


Hace tiempo que tenía en mente escribirte, pero supongo que el rencor comía a esas ganas de echarlo todo por la borda. Ya sabes a lo que me refiero...
Lo cierto es que ¿a qué fin voy a tener que aguantar tus palabras? Y es que me sobran tanto como todos tus recuerdos ahora mismo. Porque si quiero que sepas no voy a ocultarlo, y ni por mucho que me reproches vas a conseguir que me calle la boca, y que continúe con este silencio.
No. Ya no me sirven más quejidos, porque ¿para qué negar lo evidente? Sabes tanto como yo que esto no termina fácilmente. 
He tratado de olvidar y seguir adelante, pero siempre apareces, en cualquier esquina, en cualquier pensamiento, y no hay nada que valga para que te borre de mi cabeza.
No sé por cuanto tiempo más voy a tener que seguir aparentando, o seguir luchando contra esa realidad que intento difuminar cada día, y un poco más cada noche, en cada sueño y en cada pesadilla. Te aviso: "no intentes si no sabes".
Tan solo quería decirte que...lo intenté, lo intenté y no pude. Que no logré olvidarte por mucho que lo quisiese.
Y ahora tengo miedo. Miedo a enfrentarme a lo que mejor me conviene. Porque tengo la sensación de que me cambiaste, de que ya no soy la cursi que era antes, que ya no miro las cosas con esa perspectiva tan idealista. Tan solo busco algo que jamás volveré a encontrar.
Ando perdida, lo sé. Pero es que me calaron tanto un día que ya no he vuelto a recuperar a esa yo que tanto añoro ahora. Así que devuélveme el todo de lo que era, soy y seré siempre. Y no olvides que un día todo fue cierto, pero como cada historia, esta también tuvo su final.

No hay comentarios:

Publicar un comentario