viernes, 24 de octubre de 2014

Ya me avisaron de que las prisas no son buenas, pero como bien dijo Sabina: "el agua apaga al fuego y al ardor los años".
Me desperté una mañana y tú ya te habías largado. Sin notas de despedida ni besos de buenos días. Y me encendí un cigarro a modo de fumarme el tiempo.
Las calles de repente se volvieron más frías. Y no me preguntes por qué pero la soledad se convirtió en mi mejor aliada.
Pasaban los días, los meses. Y para el año quedaban dos días. Dos días para pensar en el deseo de este fin de año. Curiosidades de la vida que no pueda pensar en novedades todavía. Pero la curiosa y distinta soy yo.
Con lo fácil que hubiera sido un "no" al principio... Lo digo mas que nada para no haber seguido con el sí que provoca retrocesos.
Cada día conjuntada de miradas furtivas buscándote, para sólo hacerme más daño. Y pocos entendían que lo hacía por el simple apego al descuido de conocerte, a la impotencia de no volver a verte, y a la mala conciencia (inventada) que me estaba matando por dentro.
Eras de esos vicios que te consumen y acaban destruyéndote.

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